Siete historias de amor nacidas en los campos de concentración nazis

Prisioneros judíos

La periodista y escritora vallisoletana Mónica G. Álvarez indaga en su último libro, Amor y horror nazi, en las excepcionales historias de amor nacidas en medio del terror de los campos de concentración del nazismo, un amor, ha dicho la autora, que se convirtió en su "motor de supervivencia".

Álvarez recoge en Amor y horror nazi (Luciérnaga) el ejemplo de siete historias de amor protagonizadas por hombres y mujeres que "sobrevivieron a la enfermedad, las vejaciones y al hambre gracias a su valentía, pero también, gracias al motor que en aquel momento movía su corazón, el amor", ha explicado en una entrevista.

Pese a los trabajos forzados, los abusos y palizas, o la inanición, "su mayor lucha consistía en conseguir salir del campo del exterminio para reencontrarse con su amado o amada y comenzar una nueva vida".

Son catorce testimonios de cómo florecieron algunas de estas relaciones, de cómo desaparecieron otras, de cómo vivieron sus reencuentros años después del final de la Segunda Guerra Mundial.

Mónica Álvarez ha vuelto al período de la contienda mundial después de publicar en 2012 Guardianas nazis. El lado femenino del mal (2012), un libro del que salió "devastada" y, cuando sus amigos y la familia le pidieron un libro más agradable, buscó historias más positivas que tuvieran como marco los mismos campos de exterminio nazis, y fue así como surgió "la idea de ofrecer la otra cara de los campos de concentración".

Según explica Álvarez, en el período de investigación pudo constatar que "el amor existía en los campos y, aunque los nazis les despojaron de todo, de ropa, de cabello, de enseres, de familia, no consiguieron quitarles los sentimientos, la dignidad y el coraje".

Durante dos años, la autora navegó por la red en busca de información, visitó multitud de bibliotecas de Estados Unidos, Alemania y Polonia, leyó cientos de libros, habló con decenas de expertos de todo el mundo y visitó museos sobre el Holocausto y archivos judíos, hasta que, por fin, entre todas las experiencias que halló, se topó con las siete seleccionadas.

A través de las redes sociales pudo encontrar a los descendientes de algunos de ellos, como a Alicia, hija de Jerzy Bielecki, que tuvo un romance con Cyla Cybulska; y por los archivos judíos pudo contactar con el hijo de Paula Stern, que vivía en Seattle (EE.UU.), la primera superviviente con la que habló.

Los catorce testimonios seleccionados, finalmente, son los que pudo "contrastar" y de los que tenía más información, pero hay muchos más, algunos de ellos mencionados en el epílogo.

En todos los casos, "el amor fue un aliciente y el motor principal para luchar, para salir de ese campo, que les hizo más fuertes y al que se aferraron pensando que alguien les estaba esperando, alguien con quien podían compartir sus vidas".

El guardia que se enamoró de una presa

Una de las historias más curiosas es la protagonizada por uno de los guardias nazis del campo de Auschwitz, el cabo austríaco Franz Wunsch, y la presa eslovaca Helena Citrónová, de la que se quedó prendado cuando por una casualidad fue elegida para cantarle el Cumpleaños feliz al soldado nazi.

Esa circunstancia la salvó de la muerte, pues Wunsch intercedió para que Citrónová fuera destinada al denominado Canadá, el barracón de Auschwitz donde se clasificaban las pertenencias incautadas a los prisioneros.

"Esta historia prohibida, que nunca pasó de ser un romance platónico, no prosperó", señala Álvarez, "primero, porque vulneraba la Ley nazi de Protección de la Salud Hereditaria del Pueblo Alemán, que, además de revocar la ciudadanía del Reich a los judíos, les negaba la posibilidad de casarse o tener relaciones íntimas, y luego porque, al final de la liberación del campo, ella se dio cuenta de que no podía olvidar quién era".

Sin embargo, añade, Citrónová devolvió el favor a su carcelero/novio veinte años después cuando en el juicio contra Wunsch la eslovaca testificó diciendo que le había salvado la vida e incluso la de su hermana, pero nunca más volvieron a verse.

Una relación lésbica truncada por la Gestapo

Por su trascendencia, también destaca la relación lésbica que mantuvieron la periodista judía Felice Schragenheim y la nazi Elisabeth Wust, casada con un oficial nazi y con cuatro hijos, que se enamoró de la primera y "luchó por estar con ella" haciendo frente a una "sociedad machista".

Cuando Felice le confesó que era judía, tras un momento de contrariedad, Elisabeth renegó de sus ideas nazis para continuar su historia de amor.

El 26 de junio de 1943, las dos mujeres decidieron casarse, no en una boda al uso, sino mediante la redacción de un contrato de matrimonio, pero su historia de amor se truncó el 21 de agosto de 1944, cuando tras pasar un bonito día de verano en el río Havel, disfrutando del sol y de un largo paseo en bicicleta, se encontraron con la Gestapo en el salón de la casa.

Tras estos dos libros centrados en aspectos de la II Guerra Mundial, Álvarez anuncia su intención de "dedicar un volumen al Holocausto".

Síguenos en Facebook para estar informado de la última hora: