Trump da un ultimátum a Europa para no romper el acuerdo nuclear iraní

Trump da un ultimátum a Europa para no romper el acuerdo nuclear iraní

Trump, el miércoles en un acto en la Casa Blanca / Vídeo: Declaraciones de Federica Mogherini sobre el pacto nuclear. EVAN VUCCI (AP) Reuters

El Gobierno de Donald Trump dio este viernes un ultimátum a Europa para evitar romper el acuerdo nuclear iraní. Washington prorrogó 120 días el levantamiento de las sanciones a Irán relacionadas con dicho convenio, pero avisó de que es la última vez que lo hará. El presidente estadounidense quiere negociar, en ese plazo de tiempo, un pacto paralelo con los países europeos que establezca nuevas cláusulas relacionadas con la capacidad nuclear iraní y su programa balístico. Vulnerarlas implicaría nuevos castigos.

“He dibujado dos posibles caminos hacia adelante: arreglar los desastrosos fallos del acuerdo o Estados Unidos lo abandonará”, señaló Trump en un comunicado, en el que instó a los países europeos a actuar y les advirtió de que no duden de su palabra. El republicano les lanzó una sonora amenaza implícita, inusual en la diplomacia entre Washington y Bruselas: “Aquellos que, por cualquier razón, decidan no trabajar con nosotros estarán del lado de las ambiciones nucleares del régimen iraní y en contra de la gente de Irán y de las naciones pacíficas del mundo”.

La Casa Blanca quiere vincular indefinidamente el acuerdo nuclear con el desarrollo o ensayo por parte de Irán de misiles balísticos, inspecciones nucleares y acabar con la cláusula que permite a Teherán reanudar en una década el enriquecimiento de uranio. También pide actuar contra las injerencias regionales de Irán. Trump esgrime que el impacto del levantamiento de las sanciones financieras y energéticas estadounidenses y europeas, a cambio de la reducción de su programa atómico, Teherán lo ha utilizado para financiar “armas, terror y opresión”. Los inspectores de la ONU han subrayado que Irán está respetando el acuerdo.

Sin embargo, la Unión Europea y los tres países europeos que firmaron el pacto de 2015 (Alemania, Francia y Reino Unido), han dejado claro que rechazan renegociarlo (también lo volvió a hacer este viernes Irán) y han instado a EE UU a no abandonarlo. “Hemos expresado nuestra inquietud sobre los misiles balísticos o las crecientes tensiones en la región. Pero eso está fuera del acuerdo y debe abordarse en diferentes formatos”, esgrimió en la víspera la alta representante para la Política Exterior de la UE, Federica Mogherini, tras reunirse con el ministro de Exteriores iraní y sus homólogos alemán, británico y francés.

Washington, además, quiere excluir a Teherán de las conversaciones de un nuevo pacto paralelo, cuyas exigencias difícilmente aceptaría y lo que rompe el consenso que permitió, tras una década de negociaciones, sellar el acuerdo de hace tres años. Al margen de Irán y EE UU, también firmaron el pacto China y Rusia.

En paralelo a la actuación europea, Trump quiere que el Congreso estadounidense imponga por ley cláusulas similares, que reanudarían los castigos de EE UU a Irán si se incumplen cuatro principios: permitir el acceso inmediato que requieran inspectores nucleares, asegurar que Teherán sigue a un año de poder desarrollar una bomba atómica, hacer permanentes las obligaciones iraníes y vincular el programa nuclear con el de misiles.

Y como en anteriores ocasiones, el levantamiento de las sanciones nucleares vino acompañado de nuevas penalizaciones. El Departamento del Tesoro sancionó a 14 ciudadanos o entidades iraníes relacionadas con su programa balístico y en asuntos de derechos humanos. Es una referencia a la gestión de las protestas ciudadanas de las últimas dos semanas, que Trump atribuye al descontento de la población iraní con el efecto del acuerdo nuclear.

Uno de los castigados (cuyas propiedades en EE UU quedan bloqueadas y con los que ciudadanos estadounidenses no pueden hacer transacciones) es el jefe del sistema judicial iraní, Sadegh Amoli Larijani, considerado un aliado del líder supremo, el ayatolá Ali Jamenei.

Trump, obsesionado con desmantelar el legado de Barack Obama, declinó en octubre certificar que Irán esté cumpliendo el pacto nuclear. Al no certificarlo, se abrió un plazo de 60 días que permitía al Congreso imponer sus propias sanciones a Irán, pero decidió no hacerlo para ganar tiempo.

El republicano busca replicar ahora con Europa la táctica de pasar la patata caliente que ha empleado en los últimos meses en EE UU con los legisladores. Su estrategia consiste en amenazar con romper un acuerdo, por ejemplo el programa que evita la deportación a jóvenes inmigrantes indocumentados, si otro órgano no se pliega a sus peticiones.

En el caso del acuerdo nuclear iraní, los asesores del presidente han logrado frenar sus instintos aislacionistas que le instaban a salirse del pacto -“el peor jamás negociado” en sus palabras- y no replicar su decisión de abandonar el Acuerdo de París sobre el Cambio Climático. El equipo de seguridad de Trump ha esgrimido, hasta ahora, que finiquitar el pacto nuclear aislaría a Washington y reforzaría a Teherán, donde los sectores más conservadores rechazan el acuerdo.

Escalada de la confrontación

Donald Trump no esconde su repulsa hacia Irán. Al margen del rechazo al acuerdo nuclear, el presidente y su Gobierno critican con frecuencia al régimen de los ayatolás y han endurecido gradualmente los castigos a ese país. En paralelo, EE UU se ha acercado a Arabia Saudí, archienemigo de Irán en Oriente Próximo.

En febrero, cuando Trump llevaba poco más de 10 días en la Casa Blanca, impuso sus primeras sanciones a Irán en respuesta a sus pruebas balísticas. Poco antes, el presidente había advertido a Teherán de que estaba “jugando con fuego” y que él no iba a ser tan “amable” como Barack Obama.

En las últimas dos semanas, Trump ha alentado las protestas ciudadanas en Irán, propiciadas por la desazón económica. Y en septiembre, en su primer discurso en la ONU, llamó a Teherán una “dictadura corrupta, asesina y desestabilizadora”.