Niño de cuarto de primaria cursa diplomado de Química en la UNAM

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MÉXICO, D.F. (apro).- Rodeado de químicos, investigadores y pasantes, Carlos Santamaría Díaz presenta su examen final del segundo módulo de un diplomado en la Facultad de Química de la UNAM sobre “Espectroscopía infrarroja, de RMN y espectroscopía de masas”. Sus piernas penden de la silla y no por su corta estatura sino por su edad, tiene nueve años.

Toma lugar en la primera fila y es el único de los 15 alumnos que llega al aula acompañado de sus padres. Ellos descubrieron que a los dos años, Carlos, sin diminutivos, usaba la computadora como una herramienta más y a los tres y medio leía los meses del calendario.

Cuando por fin llegó a la primaria se dio cuenta que todo lo que le enseñaban le aburría y empezaba a tener problemas con los maestros que se sentían cuestionados.

“Una ocasión, en Toluca, una profesora insinuó que nos acusaría de maltrato infantil, porque presuntamente le enseñábamos cosas antes de la etapa que le correspondía; pero él las aprende, yo no las enseño, y es un gusto saberlo. Mi labor de padre es que todo esto no se vaya por un camino obscuro”, cuenta Fabián Santamaría Plascencia, su papá.

Él procede de una familia universitaria; inició sus estudios en la Facultad de Ingeniería de la UNAM, pero los concluyó en el Instituto Superior Politécnico José Antonio Echeverría, de La Habana, Cuba. Aun así, se desmarca de la química y se dice “rebasado” para estudiar con su hijo.

Los padres de Carlos se conocieron en la Alberca Olímpica de Ciudad Universitaria, ambos fueron parte del equipo de triatlón y cuando unieron sus vidas creyeron que tendrían un hijo deportista.

“Soy maestra de educación física y pensé que él tendría afinidad por el deporte, aunque sí le gusta la bicicleta y corre bonito, además de que ya asiste a un curso de triatlón en Actividades Deportivas y Recreativas de la UNAM”, cuenta Arcelia Díaz Sotelo, mamá del pequeño, quien proviene del municipio guerrerense del mismo nombre (Arcelia), uno de los de mayor índice de rezago social en el país.

Ella dice que nunca vio a su hijo diferente a otros niños, sólo notaba que eso del uno al 10, las vocales, los colores y todo lo básico, le llamaban la atención casi desde bebé.

Carlos tenía año y medio cuando empezó a ir a la escuela y ahora gusta de videos y leer en inglés “y entiende muy bien porque generalmente sus lecturas son especializadas en química”, relata Arcelia.

Por cuestiones de trabajo, Fabián y Arcelia debieron hacer un viaje a España por lo que Carlos tuvo que hacer estudios en una estancia corta en el país ibérico. Después de esa experiencia, ambos padres decidieron sacar a Carlos de la escuela tradicional y vincularlo a un programa de educación en línea que tiene la Comunidad Económica Europea.

“Ya está aceptado e inscrito y empieza el 1 de octubre. Iniciará cuarto año de primaria y presentará ejercicios trimestrales; eso será el 50% de la calificación. A fin de año irá a la embajada de España y presentará un examen que vale el otro 50 %”, explica Fabián.

Cuando el pequeño cumpla 10 años su padre buscará que el Instituto Nacional para la Educación de los Adultos (INEA), que tiene un programa llamado “10-14”, le haga exámenes para acreditar y adelantar años académicos.

También confía en que la UNAM les ayudará a encontrar más gente que los apoye.

En esa búsqueda de encontrar opciones para corresponder a las inquietudes académicas de Carlos, Fabián se entrevistó con Alejandra Soriano, de la Secretaría de Extensión Académica de la FQ, y dice que “fue el camino correcto”.

Así fue como Carlos pudo entrar al diplomado al que asisten alrededor de 15 alumnos y son impartidos en el Edificio D de la Facultad de Química.

La selección de materias para el diplomado, comenta Eduardo Rodríguez de San Miguel Guerrero, académico de la FQ, la hicieron de manera conjunta la parte administrativa, los padres de Carlos, el niño y él “porque se temía que presentáramos algo que le fuera a desalentar, más que animar.

“Pensé en asignaturas que de alguna manera pudieran soportar esa inquietud. El primer módulo que tomó fue una concepción global de la química, de cómo se efectúan las reacciones, a qué cosas dan origen, para que tuviera conocimientos básicos de reactividad”, comenta.

El módulo que concluyó fue de caracterización; ahí Carlos aprendió a descubrir cómo está constituida la materia a partir de técnicas complicadas.

El diplomado consta de siete módulos y recién concluyó el tercero, debutó en la FQ con el módulo Principios de equilibrio en disolución, con José L. González Chávez, y está en espera de cursar Bioquímica y Biología Molecular para la Industria Farmacéutica y Biotecnológica.

Cuando tiene dudas, Carlos pregunta con voz cándida y perfecta dicción y siempre al final sonríe.

Dice el pequeño universitario:

“Me gusta estar aquí (en la UNAM), en todo el medio; siento que puedo estudiar bien. Me gustaría cursar biología, química o medicina, porque hago muchas cosas aparte de la química.

A veces veo la tele o estoy con mis juguetes; hago muchas cosas, pero no tengo redes sociales, eso la verdad no me interesa.

“Investigo cosas así, de química o bioquímica; por ejemplo, en este módulo me ponen tres espectros y me preguntan qué compuesto químico es, y no me dan ningún dato, pero todo lo que está difícil lo resuelvo de cualquier modo”.